Por Miriam Jordan
El desplome del sector de la vivienda resultó ser una inesperada bendición para otro sector, el agrícola, ya que muchos inmigrantes hispanos que perdieron sus empleos en construcción regresan al campo en busca de trabajo.
Recientemente, había descendido el número de trabajadores en las granjas debido las medidas contra la inmigración ilegal junto con los atractivos empleos en la construcción que ofrecen mejores sueldos. Eso dejó a los agricultores con dificultades para encontrar mano de obra para la cosecha. Ahora, los granjeros de California y Florida dicen que pintores, carpinteros y otros están regresando.
"La oferta de trabajadores ha disminuido año tras año", dice Richard Quandt, presidente de la Asociación de agricultores-vendedores de los condados de Santa Barbara y San Luis Obispo. Este año, "estamos sorprendidos de tener tantos trabajadores". En el área se cultivan fresas, brocoli, uvas y otros vegetales y frutas.
Mientras se prepara para cosechar frutas en el valle San Joaquin, Pat Ricchiutti Jr. granjero propietario de P-R Farms Inc. en Fresno, California dice que el próximo mes cuando la cosecha alcance su apogeo necesitará entre 500 y 700 trabajadores. "Esperemos que estas personas que estaban en la construcción sigan por aquí".
El crecimiento registrado en los últimos años por los bienes raíces causó un éxodo desde el campo. La construcción ofrecía empleos de tiempo completo durante todo el año, mejor pagados y menos arduos que la labor agrícola. Además de ofrecer la oportunidad de aprender oficios que incrementaban los ingresos.
Los trabajadores del campo ganan en promedio $9.65 por hora, según el Departamento de Agricultura. Muchos empleos en la construcción pagan algo similar.
José Peralta, inmigrante mexicano de 24 años, trabajó en el campo cuando llegó a California hace seis años. Hace cuatro años se cambió a la industria de la construcción donde cobraba unos $11 por hora en Newport Beach, California levantando condominios. Hace tres meses el trabajo se volvió esporádico y los sueldos cayeron a unos $9 por hora. "Había poco trabajo en la construcción, por lo que me regresé a los campos de fresas", explica, donde gana unos $9. Sin embargo, asevera, "prefiero estar en construcción".
Un análisis divulgado la semana pasada por el Pew Hispanic Center encontró que los hispanos nacidos fuera del país son los más afectados por la depresión en la construcción.
El reporte también concluyó que han buscado otras ocupaciones en lugar de volver a sus países de origen.
"Han acudido diciendo que harán cualquier cosa, cualquier cosa. Estas personas quieren poner comida en su mesa", dice Carlos Castañeda, un contratista de trabajadores del campo en Grover Beach, California. "La semana pasada contraté a un tipo muy inteligente que era capataz en la industria de la construcción". El nuevo empleado es líder de grupo en los campos de vegetales.
Unos 2.5 millones de trabajadores tienen empleo en granjas, unos 1.8 millones de ellos en la cosecha. Según el Departamento del Trabajo, más de tres cuartos de los trabajadores agrícolas nacieron fuera de EE.UU.
La agricultura es una de las principales industrias en estados como California y Texas, pero su crecimiento ha sido contenido por la escasez de trabajadores. California, el estado con mayor producción, cuenta con más de 350 cultivos que generan un ingreso anual de más de $30,000 millones, o alrededor del doble de lo que genera Texas, el segundo estado agricultor del país.
Los granjeros siguen quejándose por la escasez de trabajadores, particularmente en regiones de Arizona y Texas cerca de la frontera con México. La mayoría de los trabajadores del campo ha cruzado a EE.UU. desde América Latina sin documentos.
El refuerzo de la seguridad en la frontera ha hecho que volver a entrar en Estados Unidos sea aún más difícil, riesgoso y caro para los trabajadores indocumentados. Eso ha interrumpido la migración circular de trabajadores temporales y ha llevado a algunos granjeros a mudarse.
"Los granjeros han renunciado o se han mudado a México, donde la mano de obra no es un problema", explica J. Carnes, un agricultor de cebollas en Uvalde, Texas a unas 60 millas de la frontera. "Los trabajadores no quieren estar donde está la primera línea de policía".